| Carta a la banda |
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| Escrito por Administrator |
| Viernes, 13 de Noviembre de 2009 00:55 |
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Cuando llegué aquí ya por el verano de 2006, vine con la ilusión de aprender lo que para mi ignoraba y a la vez tanto había soñado, que de mi corneta, que aquella tarde llevaba bajo el brazo salieran notas musicales, y algún día sentir el poder tocar en la trasera de un paso, Sabía que al llegar la cuaresma no me iba a encontrar con ese olor a incienso y azahar, o al doblar la esquina ver un paso ensayar. También sabía que si me iba con mis compañeros a tomarme algo no iba a escuchar marchas de semana santa ni que tendrían en la pared algún cuadro de alguna dolorosa en la apoteosis de su palio y que ni en la iglesia hubiera un altar de cultos. Pero llegó el día en que ya todo aquello lo iba dejando a un lado, y en mi pequeño argot cofrade yo sabía ya lo que era salir con un alba con la cruz parroquial, con un hábito de nazareno, de dalmática delante de un misterio escuchando esas bandas de cornetas y esas agrupaciones musicales que siempre acompañan al hijo de dios al calvario, también me llegó la hora de formar parte de una “igualá” de ponerme un costal y llevar sobre mis hombros a nuestro padre, pero aún me faltaba algo. Cada vez veía más cerca mi sueño de poder tocar con mi corneta en una semana de pasión poco a poco ya lo que era no saber coger el instrumento se iba convirtiendo ya en algunas de las notas de aquellas marchas clásicas. Lleno de orgullo estaba mi primer día cuando se oyeron los primeros acordes del himno, orgulloso porque estaba aprendiendo a tocar de gente incluso más joven que yo gente sana que nunca les importo que supiera lo que ellos ya sabían. Ya hoy día no soy el mejor corneta ni mucho menos pero pertenezco a la agrupación musical de Exfiliana lugar dónde la palabra compañero deja de usarse para ser sustituida por amistad, hermandad ya no sólo por los componentes sus gentes sus familias en fin Exfiliana. Lo único que pido es a esa Madre Nuestra de la Cabeza patrona de ese Valle de esos músicos, que nunca nos deje solos, y a ellos que sigan así, que de esos pentagramas sigan haciendo noches de réquiem solemne en las tardes de Viernes Santo, sones por bulerías en mañanas de domingo de resurrección o de preciosos susurros de los ángeles a ella nuestra Reina del Zalabí que siempre que puedo le rezo y le pido por los míos como un exfilianero mas.
Si un costalero reza con los pies.... ...¡Cuando escucha las cornetas de una banda con historia con estilo y solera, que ha Exfiliana a dado la gloria!
J. Francísco P. López |


