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Escrito por Administrator   
Viernes, 13 de Noviembre de 2009 01:05
¿Qué sentimiento es ese que recorre nuestro cuerpo en cada actuación? Sientes el calor de la gente. Te sientes presionado y sabes que no debes fallar porque cada uno de tus compañeros confía en ti como tú confías en ellos, sabes que no eres el mejor pero, da igual porque todos somos seres humanos y podemos sentir lo que nos acontece por igual. Todos sentimos nervios, a algunos nos sudan las manos, e incluso, el corazón se nos pone a doscientas pulsaciones por minuto y temblamos antes de cada actuación. Después de alguna que otra espera,  la percusión rompe el hielo, esa corneta o esa trompeta “pican” la marcha y cuando los platos, y después la caja “cortan” suena aquello de ¡eh ahí Jesús! o Lágrimas de Soberano. Siempre es igual pero aún sabiendo que una cosa viene detrás de la otra, siempre, siempre se te pone el vello de punta y los ojos se te nublan. Ahí, en ese justo instante, es cuando los nervios se transforman en coraje, el sudor de las manos en aire para los pulmones y los temblores y los latidos de tu corazón parecen marcar el ritmo.

Esto, compañeros y compañeras, es lo que guía nuestros corazones y nos da fuerza para seguir adelante. Llamadlo como queráis, entrega, humildad, pasión o como se os antoje.

Todavía tengo presente aquel, cada vez más lejano, 12 de octubre en la iglesia de la Anunciación de Exfiliana. Allí sentí ese sentimiento una vez más pero, descubrí en mí algo que no sabía que llevaba dentro. ¿Cómo se puede llegar a amar tanto a un grupo de compañeros y compañeras en tan poco tiempo? Me emocioné en cada aplauso, en cada homenaje, en cada minuto de discurso de cualquiera que fuera el que hablara, bueno, vamos a ser sinceros, el cura se me hizo “pesaillo”, pero aún así no hubo un solo momento en que mirara al frente y tuviera una visión nítida de lo que pasaba un metro por delante de mis narices, pues tenía los ojos encharcados como el niño que recibe el regalo que más quiere en Navidad. Todavía no sé como no exploté por dentro de contener tantas emociones. Exploté, sí, pero casi un mes después, cuando vi el video, ya no tenía por qué aguantarme las lágrimas ni los sollozos y me desahogué, ¡vaya que si me desahogué!

 Desde estas líneas quiero agradeceros todo el apoyo y compañerismo que me habéis brindado desde el principio, a todos, ¡sin que falte ni uno solo!, desde nuestro director, Francis, hasta nuestro bombo solista, Samu, pasando por cada uno de vosotros.

Ahora, seguimos adelante, y podéis estar contentos porque por encima de la buena agrupación musical que formamos está lo que sentimos dentro de nuestros corazones. Dirán que somos mejores, dirán que somos peores pero, nunca, jamás podrán discutirnos que somos una familia.

Un abrazo

 

Fco. Javier Sierra Franco, "Blanco"

 

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